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No es Luca cantando en la orquesta de Troilo.

No es Luca cantando en la orquesta de Troilo.
Es mi hermano Javier Ardanaz presentando su disco.

Alejandro y la osa en el taller. Video de la nación (viva Perón, carajo!!)

Stand de Eloísa en la feria del libro de Asunción.

Stand de Eloísa en la feria del libro de Asunción.
Vista de algunas pinturas realizadas por los niños del lugar.

Eloísa y Yiyi Jambo.

Eloísa y Yiyi Jambo.
Stand de feria del libro de Asunción.

Stand Feria de Asunción.

Stand Feria de Asunción.
Talleres de pintura y armado de libros.

Con Arami Mburucuyá.

Con Arami Mburucuyá.
En Paraguay, localidad de Luque en el fondo de la casa de Meza.

El poeta paraguayensis Edgar Pou.

El poeta paraguayensis Edgar Pou.
El poeta frente al diseño del stand en Asunción.

Eloísa en Asunción.

Eloísa en Asunción.
Foto parcial del stand compartido con Yiyi Jambo.

sábado, 26 de julio de 2008

Las baldozas de tu vereda sueltan flatulencias amarillentas de tierra y agua.


A Mabel Sucari (La pintura es de mi amigo catalán-miramarense César Pascual Diez)


Las baldozas de tu vereda sueltan flatulencias amarillentas de tierra y agua
propias de estos días frenéticos de temperaturas altísimas del verano
en pleno julio.
Se comportan de cielo que se deja caer grisáceo como un lobo herido
de muerte.
Vomitan ráfagas de agua estancada y lágrimas, y luego succionan los ADN elementales
de los transeúntes aturdidos por la realidad social de la república.
Ellos mismos se cubrirán como puedan de los flatos temporales, pero se harán jugosos en sus camperas de lluvia como churrascos vuelta y vuelta. El asco es una escarapela.
Ellos, no tendrán escapatoria.
Descubriran la verdad en tus ojos marrones de caracolito petrificado de tristeza.

La prevengo, señora, por mis murciélagos rabiosos.
Que se quieren dormir en la oscuridad permanente profunda de sus caricias.
Y sus babas pestilentes amarillentas rozan las almohadas
de su cama y tiñen de pasión
la mantita de lanita blanca
y gris de su gato senegalés.

Soy huérfano.
Y no tengo consuelo, lo he descubierto así,
de repente, una tarde al abrir los ojos en una siesta.
Recordando esta omisión de los padres.
Es que me han prohibido siempre la agonía de envejecer.
Soy como las cosas que le he robado al país por medio de una votación fraudulenta.

Me diferencio de todos, por todo el amor a mis hijos que llevo en el futuro.
Ese amor que quiero que te lleves como besos en los ovarios que se cansaron
de ovular hace diez años. Es ese amor que dejo caer en el momento que menos
lo esperas para que te acaricie las piernas
y te camine por la piel de los muslos.
Y corra por tus labios y tus pezones.
Quiero que mi amor se siente contigo debajo de las plantas amarillas del árbol genealógico.
Y chorree por las escaleras resbaladizas y angostas de tu PH...
Te dejo el amor de mis hijos por la terraza de tu casa, donde digo poesía entre cordeles y ropa mojada tendida al sol. O en las manguereadas de verano para alimentar a las macetas con líquidos parecidos al agua potable
y a las canciones de cuna.

Soy huérfano.
Me declaro eso.
Más solo. Más miserable que nunca.
Todo me queda lejos.
Tu amor es el ejemplo de esta lejanía
y hasta mi paranoia me dice que todos están
en confabulación para atentar contra mí.
Y me quedo rendido y agonizando como una mariposa de cobre sobre la listas
de muertos en el campo de batalla.

Y todo está lejos de mí, como esos senadores del partido oficialista.
Que se creen propietarios del país
y justifican sus decisiones con su propio corazón
y se encomiendan a la historia y a la posteridad.
Y en su interior se ríen y se creen autosuficientes,
los muy chotos soberbios demagogos.

Los muy señores imbéciles de bolas grandes medio pelotuditos enfermitos
de la próstata
con grandes responsabilidades de la que no se hacen cargo, no entienden
que el pueblo delega por voluntad.
Nunca entendieron que el pueblo delega y está obligado por la constitución.
Pareciese que no van a entender nunca que el pueblo delega en ellos, sus representantes.
Que nunca entendieron que el pueblo no delega nada que no le corresponda.
Y esto es una ley divina.
Y les queda grande la camiseta de argentino, manga de abortos de la naturaleza.

Pareciera que hacen sus carreras políticas para someter al pueblo.
Son una larga lista de pendejos creídos de sus títulos de abogado chupanalgas.
Y joden a la gente que vive de lo que lucha y tiene lo que hace.
Y se encargan bien de no perjudicar a los oligarcas de siempre, los dueños del país,
que lloraban y maldecían porque creían que les iban a sacar los privilegios
que ellos mismos se dieron para sí, en las dictaduras.
Disfrazados de demócratas en las tribunas de la sociedad rural.
Larvas blancas de mosca, camufladas en las causas populares.
Seguramente si las condiciones fuesen como en los años 30,
harían batir sus cartílagos Christian Dior, Cocó Chanel y sus encías nacaradas
sobre los portones de los cuarteles militares.

No se enteraron.
La historia lo recuerda constantemente.
La ofensa y el miedo nunca puede ser un argumento.
Es el cajón de muertos que Herminio quemó en la plaza
aquel día amargo para el pueblo peronista.

Yo ahora, por esto y otras cosas que se comen nuestro futuro quiero que sepas mujer,
que mi amor se hizo una fragancia givenchi de boa constrictor
que se mueve sigilosamente por el mundo jurásico de los racimos de la felicidad,
raspando sus anillos por el suelo verde musgoso de la selva.
Y veo luces en las estrellas desde aquí abajo, más profundas y enormes
y cercanas como sólo se ven en medio del océano.
Es esta certeza de otras luces en tus ojos cargados del dolor añejo de la pérdida.

El auxilio llega quemando lo que no sirve.
Es una ilusión que llevo en este padecer que se ocupa de enamorarnos
de nuestras formaciones de huevo o cigota con cabecitas de higos maduros
que sueltan ese néctar transparente de la reciprocidad del amor en nuestros hijos.
Y de sus boquitas de larva de mosquito o fetito de ballena en almíbar,
que se les escapa esa babita de crisálida amarilla, transparente y suave
como espuma que se condensa en el océano caliente de la teta materna.






17, 18 y 25 de julio de 2008
a Pablo Paredes(1982, Chile)
a Monserrat Álvarez (1969, Zaragoza, España) por “Salida al Mar”.

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